Es muy significativo que cuando se le pregunta a gregarios, jefes de filas o escaladores coinciden en que cuando más sufren en carretera es en la primera semana de una gran vuelta. La razón es que entonces sólo se puede perder y nada se puede ganar pero se cruzan los intereses de todos los miembros del pelotón. Los favoritos no quieren quedarse descolgados, los velocistas quieren llegar bien colocados a las primeras posiciones y se supone que hay más competitividad porque es cuando todo el mundo está más fuerte y más fresco. Explicaba, hace unos días en La Montonera (Eurosport), Alberto Contador que actualmente los mejores 'trenos' eran los de los favoritos porque querían guardar a sus líderes de riesgos o perdidas de tiempo innecesarias. De ahí que algunas escuadras que tienen como objetivo las clasificaciones generales incorporen a sus filas a lanzadores de segunda fila o buenos rodadores para que se esa primera semana el aspirante sea transportado como un diamante aunque sus piernas sean exigidas desde la salida neutralizada.
En el caso del comienzo del Tour de Francia, los corredores recuerdan que que el ritmo es todavía más frenético porque han preparado su pico de forma para esa prueba, el estrés es mucho mayor porque es la cita más importante del año y la exigencia conlleva más esfuerzo. Esto explica las instantáneas que se pueden ver durante las jornadas y los sacrificios titánicos a la hora de llevar el avituallamiento al jefe de filas o, simplemente, avanzar puestos.
La tensión ya suele provocar momentos delicados con paradas en seco, caídas, subidas a la acera o salidas por campo a través. Incluso los abanicos que pueden provocar los grandes bloques desde que la ONCE de Manolo Saiz empleara en estrés como un arma más en jornadas llanas. Pero hay otros factores de riesgo. Recuerdo que en una entrevista a Miguel Indurain me comentó que en los últimos años había observado la entrada de deportistas que no habían manejado la bicicleta desde jóvenes. Eso suponía que era deportistas con un gran potencial físico pero que causaban problemas en el pelotón ante la dificultad de rodar en paralelo incluso en momentos de calma.
The crash start, apparently. #Giro pic.twitter.com/8hTCWipGPY— daniel mcmahon (@cyclingreporter) 14 de mayo de 2019
Por todo ello, a los ciclistas no les gusta cuando se les habla de etapas aburridas en la primera semana de las grandes vueltas. Puede que en este Giro de Italia no se vea la salsa de la competición de los grandes hasta pasados diez días (si exceptuamos las etapas contrarreloj), pero ahí dentro estarán pedaleando con las pulsaciones altas y un ojo en cada posible percance para evitar el fracaso. Y ni siquiera así podrán salvar lo inevitable. Tom Dumoulin explicó a los medios de su país que terminó muy contento la tercera etapa del Giro de Italia 2019 simplemente porque no acabó en el suelo: «El viento simplemente no vino de la dirección correcta, por lo que el pelotón no se rompió en pedazos. Hubo mucho estrés por nada. Estuvimos atentos y fue bien porque evitamos el choque al final y superamos el día». Un días después el neerlandés no pudo evitar la caída, perdió más de cuatro minutos y entró en meta con la rodilla ensangrentada.
— Dany Pro Cycling (@DanyProCycling) 14 de mayo de 2019

No hay comentarios:
Publicar un comentario