Mostrando entradas con la etiqueta Montreal 1976. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Montreal 1976. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de octubre de 2019

Los Juegos Olímpicos de los cigarrillos


Los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 son recordados siempre con la palabra perfección. La gimnasta Nadia Comaneci selló su eternidad con su 10 y desde entonces los aniversarios recuperan esa imagen del certamen canadiense. Pero aquellos días no fueron tan perfectos y de manera paradójica el deporte contó con el tabaco como un inesperado aliado clave para su supervivencia.

En primer lugar, el encendido del pebetero en Montreal resultó llamativo porque se llevó a cabo por dos personas de manera conjunta para simbolizar la unión de la cultura francófona y la anglófona del país. El espíritu olímpico aplaudió la novedad. Pero cinco días después de la inauguración se produjo un incidente inesperado. Una gran tormenta inundó el recipiente que protegía la llama y esta se extinguió. Ante la situación, un empleado desconocido reaccionó con rapidez con el mechero con el que encendía sus cigarrillos para recuperar la llama.

Ante la consternación de los oficiales y su protocolo, se optó por volver a apagar el fuego para emplear una de las llamas de reserva habituales prendidas con la llama original griega. «El 22 de julio en Montreal, una violenta tormenta provocó que la llama olímpica se desvaneciera. El incidente tuvo lugar a las 13:55 y fue vuelta a encender las 14:57 usando una llama reserva guardada en el estadio olímpico», reconoce el informe oficial de aquellos Juegos.

Aquel incidente no fue el único que vinculó a los cigarrillos con Montreal 1976. Los Juegos canadienses cuentan con el récord de ser los más costosos de la historia moderna y fueron sufragados gracias a un impuesto sobre el tabaco en Quebec. El sobrecoste de la Villa Olímpica, un complejo de apartamentos postmodernos, unas instalaciones de actividades deportivas, la construcción de edificaciones al aire libre, los aparcamientos y el velódromo (que fue readaptado posteriormente) se sufragaron básicamente por la carga impositiva a los cigarrillos en Quebec durante más años de lo previsto.

De hecho, las normas antitabaco del siglo XXI provocaron que el estadio, al que popularmente se llamaba The Big Owe (la gran deuda), se terminara de pagar en 2006. Una década antes los ciudadanos de Montreal habían visto caer una zona de 55 toneladas del techo que prolongó de nuevo la deuda y la tasa de los cigarrillos hasta 40 años después de la celebración. En esa ocasión no bastó con un mechero para arreglar el inconveniente.

En español en el original

martes, 22 de octubre de 2019

Historias olímpicas: Medalla por convertirse en calvo


En los años setenta el estadounidense Mark Spitz emergió como leyenda. Sumó medallas olímpicas, mundiales y extendió su tiranía por las piscinas de todo el mundo. Puesto a encontrar un antídoto, se sucedieron diversas ideas sin lograr neutralizar al torpedo californiano. De todas las iniciativas la que más impacto produjo fue la de Werner Lampe, un alemán que improvisó una mejor aerodinámica en los Juegos de Olímpicos de Múnich 1972.

En tiempos en que los gorros de baño no eran obligatorios (se impondrían en Montreal 1976) el nadador de Hanóver decidió sacrificarse para la final de 200 metros estilo libre. «Lo que tuvo su gracia es la medalla de bronce lograda por el alemán federal Werner Lampe, figura asimismo en los Europeos de Barcelona, quien para lograr el máximo deslizamiento afeitó todo el vello de su cuerpo y tomó la salida con la cabeza pelada como un melón», escribió ABC en su crónica de la época.

La elección del germano fue insuficiente para alcanzar al increíble californiano, que sumó un nuevo récord del mundo. «La carrera daba ocasión al fenómeno yanqui Mark Spitz para seguir su increíble apuesta de que alcanzaría en Múnich nada menos que siete medallas. Los 200 debían caer en su talega para mantener su pronóstico. Y vaya si lo hizo», sentenció ABC. No obstante, enseñó a los nadadores una nueva ventaja. Aquella tarde Lampe fue tercero y la plata fue para Steve Genter, quien podría en práctica la misma táctica en otra oportunidad contra Spitz.

Curiosamente, los dos llamarían más la atención que el legendario pentacampeón en el podio. «Hombre de relaciones públicas y deseando conservar su prestigio sobre su admiradoras, cuando acudió al podio para recibir sus medallas lo hizo tocado con una espléndida peluca rubio platino, que habría envidiado la propia Marilyn Monroe. Afortunadamente, los deportistas saben tener sentido del humor», contó con sorna ABC sobre el alemán. Cuando en su turno Genter subió sin un pelo en la cabeza prefirió ocultarse con un gorro propio de los bosques de Canadá que tuvo que quitarse entre risas al comenzar el himno. A Spitz le hizo gracia pero nunca se rasuró el bigote que se asociará eternamente a sus marcas.

La ventaja de Werner duró poco. Sumó una plata en el relevo de 4x200 estilo libre en Múnich y en los Juegos de Montreal 1976 ya terminó cuarto en los 200 libres. Pero su legado para el deporte fue mayor que sus dos podios. Después de su iniciativa varios nadadores optaron por el afeitado en lugar del gorro. Fue una especie de pionero. Incluso su hijo Oliver apostó por la cabeza desnuda frente al capuchón. Pero el vástago Lampe sólo sumó un bronce olímpico y hoy en día es el único de los dos que no puede elegir su manera de nadar. Werner luce canas, dos joyas olímpicas y un avance que actualmente continúan estrellas de la natación como László Cseh. Su hijo no luce pelo ni fuera ni dentro del agua.