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martes, 15 de octubre de 2019

Renunciar a los Juegos Olímpicos por Iron Maiden


¿Una medalla olímpica o ser una estrella del heavy metal? ¿Afinar el florete o la voz de tenor? Probablemente sólo hay una persona en el mundo haya tenido que responder en serio a esa pregunta: Bruce Dickinson. Ocurrió que a finales de los años ochenta el cantante más famoso de Iron Maiden dedicó tanto tiempo y esfuerzo a la esgrima que contó con la posibilidad de clasificarse para los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992: Pero descartó perseguir el metal olímpico en favor de la Doncella de Hierro.

¿Cómo llegó Paul Bruce Dickinson a contar con la posibilidad de subirse a un podio olímpico? Lo cierto es que el multifacético hombre de Worksop había comenzado a practicar la esgrima con 13 años y cuando era adolescente ganó varios torneos hasta el punto de que le ofrecieron la oportunidad de marchar a Londres para iniciar una carrera profesional como tirador. Dickinson rechazó aquella oferta y comenzó su carrera de cantante en bandas locales.

Asentando como vocalista de Iron Maiden después de incorporarse en el tercer disco de la banda, decidió recuperar una de sus grandes aficiones (también estudió Historia Antigua en el Queen Mary and Westfield College de la Universidad de Londres y pilota el avión grupo en las giras) y volvió a empuñar un florete en 1983.

No obstante, su gran avance deportivo se produjo durante uno de los paréntesis de la banda, cuando durante varios meses entrenó en Alemania Occidental y su nivel le permitió ascender hasta el séptimo puesto de tiradores británicos, aunque él mismo reconoce que se debió a que en esa época del ciclo olímpico los profesionales bajaron su nivel para prepararse para Seúl 1988. Por entonces había cambiado su perfil y atacaba con su zurda, lo que le permitió mejorar hasta el punto de que tenía posibilidades de acudir a una cita olímpica. Según la teoría más extendida, no descartada por Dickinson y su leyenda, el estilo de vida de la banda le habría restado las condiciones necesarias para intentar el asalto y no quería vivir como si faltaran dos minutos para la medianoche entre las giras y la clasificación para Barcelona 1992. Entonces eligió a la doncella de hierro, a la que lego abandonaría temporalmente para intentar el éxito en solitario.

«Es un tocapelotas, pequeño pero increíblemente rápido, esa es su arma», explicó Bartosz Piasecki, medalla de plata olímpica, después de un duelo amistoso en 2013 sobre la esgrima del cantante de Iron Maiden. «Soy un tirador agresivamente defensivo. Como prefiero ser breve tengo que intentar que el oponente cometa errores todo el tiempo. Soy irritante, muy intenso y enérgico», confirmó el tirador tan rápido como si tuviera que huir a las colinas. También se probó su capacidad contra Peter Vanky. Entonces perdió 8 a 15 en Suecia, aunque el anfitrión, seis veces medallista olímpico, reconoció el esfuerzo y que de haber usado en el encuentro un florete (el arma habitual del cantante) el resultado podría haber sido diferente.

Individual y pura

Sin ambiciones olímpicas, Dickinson mantiene su pasión por la esgrima porque es una actividad física «romántica» que le permite mantener su filosofía de vida. «Es físico, mental y espiritual. Te consume desde los más profundo de tu alma hasta la punta de tus dedos. Cada vez que entras en un duelo ofreces al oponente la posibilidad de romper tu ego. Y si es un día importante es más importante que la vida y la muerte. Mentalmente, la esgrima es salvajemente fiera y humillante», argumenta Dickinson. Suele practicar cuando tiene tiempo en las giras de Iron Maiden. «En la esgrima hay gente estupenda porque es un deporte individual. No te haces famoso, no ganas mucho dinero por practicarla, no vas a conseguir todas esas cosas que los profesionales de otros deportes pero hay que entrenar igual de duro. Es genial porque es un deporte muy puro», explicaba antes de una sesión en el club Flamengo durante su estancia en Brasil para actuar en el Rock In Rio.

Actualmente, con 58 años, Dickinson ha conseguido mantener sus idilios con Iron Maiden y la esgrima sin tener que romper con ninguna de las dos en algún lugar del tiempo. De hecho, ha conseguido que se convierta en una relación provechosa para todos. «Practicar esgrima es muy similar al modo en que me muevo por el escenario. O puede que yo me mueva por el escenario porque hago esgrima», concluye la estrella del metal no olímpico.

En español en el original

lunes, 17 de junio de 2019

Historias olímpicas: La basura de Barcelona 1992


La historia oficial y oficiosa suele elogiar los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Se alaba su capacidad para elevar el nivel organizativo y de difusión, la incorporación fundamental de los voluntarios (trabajadores no pagados) y el legado a la ciudad. Sin embargo, hay una sombra que conservan todos aquellos que competieron en la vela de aquel certamen, manchado incluso por la influencia en los resultados deportivos. El lugar del delito fue el mar.
Las primeras críticas a la zona de regatas se multiplicaron un año antes de los Juegos Olímpicos. La competición que servía para comprobar el grado de organización y las condiciones de navegación alertaron a los deportistas. Pero no a los organizadores. De hecho, durante la competición olímpica las críticas se repitieron. Barbara Kendall, la neozelandesa que ganaría el oro, denunció en los días previos las ratas muertas y un par de neveras flotando que atisbó durante sus entrenamientos. «Cuando te salpica el agua y escupes puedes realmente notar que el sabor está asqueroso», resaltó el noruego Per Gunnar Hauge a Reuters aquellos días. «Hay de todo. Desde algas y bolsas de plástico hasta condones y toallitas limpiadoras. Grecia está mal, pero no tanto como esto», remarcó el heleno Nikolaos Kaklamankis antes de la competición en que aseguraron ver los cuerpos muertos de ovejas, ratas, perros y hasta de un burro. Lars Kleppich resumió en 2015 su experiencia en las aguas de Barcelona 1992: «Era como navegar en la taza de tu retrete».
«El agua está más limpia que nunca», se defendió Jaume Guardiola, director del Parc de Mar. Se instalaron contenedores en la playa para depositar los residuos orgánicos y se enviaron barcazas a diario a retirar los desperdicios. El puerto y sus alrededores habían sido totalmente reformados sólo para el evento.

De todas las críticas, la que contiene más fuerza es la de Mike Gebhart, quien era líder antes de un incidente en la última regata. «Buscaba y buscaba porque estaba navegando lento como la mierda. Pensé que quizás había enganchado un alga, pero miré abajo y como la bolsa de plástico era transparente no podía verla. Finalmente, noté una pequeña burbuja de aire en el borde», recuerda el windsurfista. «Hay dos maneras de verlo. Puedes volverte loco y montarte una bonita historia: ‘Oh, ya sabes, la basura me costó mi medalla’; o puedes tomar los mandos y decir: ‘Hey, el otro tío era un poco más coherente’. Podría haber identificado el problema más rápido», explicó a ESPN recientemente cuando le preguntaron por las condiciones de la bahía en que se celebrarían los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. ¿Fueron peores los de Barcelona? «¡Navegué al lado de una vaca muerta!», respondió el windsurfista para zanjar el debate.


En 2015 se celebraron los Mundiales de Natación en la capital catalana. Se aprendió de los errores pasados. El puerto de Barcelona detuvo las obras en la zona del Port Vell un tiempo antes, instaló una red para bloquear la entrada de medusas, prohibió el suministro de combustible y reforzó el servicio de limpieza. Entonces ninguno de los clavadistas y los nadadores en aguas abiertas denunció neveras flotantes o animales muertos. Tampoco ninguno perdió una medalla por una bolsa de plástico.


En español en el original