martes, 14 de mayo de 2019

Giro de Italia 2019: La tensión de los primeros días


Es muy significativo que cuando se le pregunta a gregarios, jefes de filas o escaladores coinciden en que cuando más sufren en carretera es en la primera semana de una gran vuelta. La razón es que entonces sólo se puede perder y nada se puede ganar pero se cruzan los intereses de todos los miembros del pelotón. Los favoritos no quieren quedarse descolgados, los velocistas quieren llegar bien colocados a las primeras posiciones y se supone que hay más competitividad porque es cuando todo el mundo está más fuerte y más fresco. Explicaba, hace unos días en La Montonera (Eurosport), Alberto Contador que actualmente los mejores 'trenos' eran los de los favoritos porque querían guardar a sus líderes de riesgos o perdidas de tiempo innecesarias. De ahí que algunas escuadras que tienen como objetivo las clasificaciones generales incorporen a sus filas a lanzadores de segunda fila o buenos rodadores para que se esa primera semana el aspirante sea transportado como un diamante aunque sus piernas sean exigidas desde la salida neutralizada.
En el caso del comienzo del Tour de Francia, los corredores recuerdan que que el ritmo es todavía más frenético porque han preparado su pico de forma para esa prueba, el estrés es mucho mayor porque es la cita más importante del año y la exigencia conlleva más esfuerzo. Esto explica las instantáneas que se pueden ver durante las jornadas y los sacrificios titánicos a la hora de llevar el avituallamiento al jefe de filas o, simplemente, avanzar puestos.

La tensión ya suele provocar momentos delicados con paradas en seco, caídas, subidas a la acera o salidas por campo a través. Incluso los abanicos que pueden provocar los grandes bloques desde que la ONCE de Manolo Saiz empleara en estrés como un arma más en jornadas llanas. Pero hay otros factores de riesgo. Recuerdo que en una entrevista a Miguel Indurain me comentó que en los últimos años había observado la entrada de deportistas que no habían manejado la bicicleta desde jóvenes. Eso suponía que era deportistas con un gran potencial físico pero que causaban problemas en el pelotón ante la dificultad de rodar en paralelo incluso en momentos de calma.

Por todo ello, a los ciclistas no les gusta cuando se les habla de etapas aburridas en la primera semana de las grandes vueltas. Puede que en este Giro de Italia no se vea la salsa de la competición de los grandes hasta pasados diez días (si exceptuamos las etapas contrarreloj), pero ahí dentro estarán pedaleando con las pulsaciones altas y un ojo en cada posible percance para evitar el fracaso. Y ni siquiera así podrán salvar lo inevitable. Tom Dumoulin explicó a los medios de su país que terminó muy contento la tercera etapa del Giro de Italia 2019 simplemente porque no acabó en el suelo: «El viento simplemente no vino de la dirección correcta, por lo que el pelotón no se rompió en pedazos. Hubo mucho estrés por nada. Estuvimos atentos y fue bien porque evitamos el choque al final y superamos el día». Un días después el neerlandés no pudo evitar la caída, perdió más de cuatro minutos y entró en meta con la rodilla ensangrentada.

lunes, 13 de mayo de 2019

Giro de Italia 2019: Frenar a los esprínters


En el verano de 1991, Dzhamolidin Abduzhaparov casi pierde la cabeza en el paseo de los Campos Elíseos. Absorto en el pedaleo por su escasa formación para los esprints, apenas tuvo tiempo para levantar la mirada y percatarse de que delante tenía una valla. Se destrozó la clavícula y tuvo que cruzar 20 minutos después agarrado a la bicicleta y a quienes le ayudaban porque debía sobrepasar esa última línea del Tour de Francia si quería ganar el premio de la regularidad.
Para los aficionados puedo ser un momento heroico. Un momento de coraje de aquel tipo que había llamado la atención por sus locuras. Atacaba en la montaña para conseguir puntos intermedios y luego se perdía en la etapa, lanzaba esprints lejanos pedaleando como si le hubiera pedido la bicicleta a su hijo y hasta ganó una etapa de media montaña en Tulle antes de dar varias veces positivo en controles antidopaje. Fuera de las carreteras, el hombre nacido en Uzbekistán pero tártaro por elección, era un deportista carismático. En cambio, en el pelotón no tenía esa simpatía. Conocido entre sus compañeros como 'El terror de Taskent', los compañeros de llegadas temían sus codos, cambios bruscos de dirección, sus convulsiones, su absoluta falta control de la máquina y su imprudencia al manillar.
Aquel alocado exsoviético ha tenido algún que otro intento de heredero hasta que el pelotón ha parado cualquier escalada de locura en un momento en que se rueda a más de 60 km /h y la habilidad es tan importante como la potencia. El revoltoso Nacer Bohuanni ha sido descalificado en más de una ocasión por sus artes cuando llegaba a la meta. En la París-Niza de 2016, el francés cerró a Michael Matthews contra la valla de la recta de meta y además cargó contra su oponente con el hombro izquierdo. El australiano se salvó y más de uno en el pelotón respiró aliviado cuando Bohuanni, boxeador en su tiempo libre, tuvo que renunciar al Tour de Francia por una lesión en la mano producida por una pelea en un hotel.
No obstante, entre los nombres más mencionados en los últimos tiempos por sus arriesgadas maniobras se encuentran Peter Sagan y Mark Cavendish, con duelos finalizados en el suelo. Si el eslovaco es un virtuoso con el manillar, también es un animal competitivo capaz de cerrar espacios, cambiar la trayectoria de manera peligrosa e infundir terror a sus rivales. El británico, por su parte, es de quienes no se rebajan sino que utilizan uñas, dientes, hombros y cabeza si es necesario para cargar a sus vecinos de llegada. Así, en más de una ocasión han sido reprendidos severamente por sus hazañas. El Tour de Francia envió a casa en 2017 a su campeón vigente de la regularidad por un codazo que mandó a Cavendish al suelo. El británico, tampoco es de lo que se apartan. «No me gustaría tener fama de cobarde», declaraba en la cresta de la ola en 2016 el hombre de la isla de Man, aquel lugar en que han muerto más de 250 motociclistas en su centenaria prueba de motor.

Peter Sagan argumenta constantemente de que el problema del ciclismo son lo recién llegados al ciclismo. Pero eso mismo reclamaba el cántabro Óscar Freire cuando el siempre recomendable Jesús Gómez-Peña escribía en sus crónicas de 2013 sobre las maneras de Cavendish. «Aquí nadie tiene respeto. Algunos se piensan que corren solos. No ven el peligro. Por eso cada vez hay más caídas», avisaba el tricampeón del mundo.
Con los antecedentes recordados y los sustos habituales, desde las organizaciones se ha optado por cortar de primeras cualquier intento de caos y destrucción. No quieren que la belleza del esprint salpique con la violencia de la sangre. Además, hoy en día las cámaras en alta definición, las repeticiones desde varios ángulos, los vídeos de las redes sociales y toda suerte de fuentes pueden revelar la trampa y la bajeza moral. Ya lo reconocía el futbolista Didier Deschamps cuando se acercaba el ocaso de su carrera: «Ahora es imposible: no puedes hacer faltas duras porque el árbitro o la televisión te expulsan. Antes sí podían hacerse algunas cositas de intimidación antes, durante y después del partido».
Con todos los condicionantes se explica la descalificación de Elia Viviani en la etapa de hoy en el Giro de Italia. La esperanza local había levantado los brazos en un triunfo que aumentaría el seguimiento a la prueba. Pero su extraño paso a la izquierda dejó demasiadas dudas a los expertos y seguidores. Parecía que había cerrado a quien venía con ímpetu y que sus extraños giros estaban más cerca de lo que enseñaba Abduzhaparov en los noventa. Sin victoria, los ciclistas reciben un mensaje sobre cómo hay que comportarse. Y una buena dosis de prevención.

domingo, 12 de mayo de 2019

Giro 2019: Resistenza


Lo quiero ahora. Más deprisa. Que no me tenga que esforzar. Que no me lleve mucho tiempo..
Cualquier producto actual tiene que pasar por el modelo de lo fácilmente digerible. Se presupone al lector, espectador u oyente que en tiempos con tanta oferta y con tanto tiempo hay que seducirle rápidamente y aguantar con él en la red el tiempo que sea posible. No hay pudor para emplear cualquier artimaña. Como un cuervo de Edgar Allan Poe se puede exhibir a distancia un cuerpo reluciente que golpee en el iris y atraiga a la presa a lo que simplemente puede ser un trozo de papel albal. Por eso, las crónicas se han sustituido por vídeos con llamativos titulares, los consumidores han aceptado con gusto el cambio (la pereza siempre ayuda) y se suceden los ejemplos.
En el ciclismo, las pautas contemporáneas comenzaron con la Vuelta a España. La gente no puede quedarse dormida a la hora de la siesta. Se pueden diseñar circuitos de obstáculos, parques de atracciones y fuegos artificiales con una ronda de tres semanas como McGuffin. Las diferencias son mínimas en la clasificación pero los 'calentones' disparan el interés. Y el Tour de Francia prosigue en la misma línea. Ahora hay adoquín, fiestas patronales y en los vídeos previos se promociona la mejor prueba del mundo por etapas con música y momentos de disparo a la adrenalina del inconsciente (más caídas que triunfos). El invento triunfa con algunos aciertos y avances tecnológicos mientras el prestidigitador Peter Sagan expone a los cuatro vientos que él solo suele ver los últimos kilómetros de las etapas porque se aburre con el resto.

Entre la ola que engulle al cambio y a la pausa, hay una pequeña resistencia. En el Giro de Italia 2019 se podrá ver más de una semana de presumibles llegadas al esprint por mucho que se vistan de puertos de escasa categoría. Los espectadores podrán acomodarse para ver jornadas de más de 200 kilómetros (bueno, en realidad no se emitirán completas estas etapas) para ver el final un duelo de velocidad. ¿Por qué esta 'resistenza'? Puede ser que los tiempos de Mario Cipollini, señor del espectáculo por definición y por convicción, abrieran el gusto por las 'volatas'. Puede ser que sea porque salvo la excepción del crepuscular Vincenzo Nibali sólo pueden atibar victorias italianas en línea de meta (Elia Viviani y el secundario Sacha Modolo). O que les encante la belleza de la persecución de la escapada permitida, la belleza de la preparación de los últimos kilómetros a toda velocidad, la pugna por un puesto para que el compañero pueda dispararse en la recta final y todos esos procesos que están señalados en el pelotón con las correspondientes palabras italianas ('treno', 'grinta', 'capo'...). O puede ser porque entienden que una carrera de tres semanas es una prueba de fondo y eso supone preparar una prueba de fondo.

Lo cierto es que durante los primeros días del Giro de Italia de 2019 los ojos mirarán a Fernando Gaviria, descubrirán a Pascal Ackermann y los aficionados se levantarán en paralelo a los ciclistas cuando aparezca el cartel de 'Ultimo chilometro'. Después ya habrá tiempo de inventos como el 'sterrato', de suspender etapas porque la ruta ideada meses antes no cuenta con la preparación adecuada cuando nieva, llueve o acude la nieve a la carretera. Y los tipos grandes del pelotón tendrán ganas de acudir a una gran vuelta y después de dos centenas de kilómetros en bicicleta exigir a una máquina de unos cinco kilogramos que vuele a más de 60 km / h mientras ellos son capaces de controlar todo lo que pasa a su alrededor como si su vida estuviera pasando ante sus ojos. Y volarán en esas 'volatas' que coronarán resúmenes en vídeo, crónicas y declaraciones de estos ganadores. Porque ese breve momento reclamado lo sirve la propia carrera.

sábado, 11 de mayo de 2019

Giro de Italia 2019: Roglic empieza por el postre

¿A quién no le gustan los pronósticos? A los aficionados les encanta tratar de adivinar qué ocurrirá en su deporte, a los periodistas les sirve para dar emoción y poner salsa a las previas de las competiciones y a los atletas les sirve como punto de partida a la hora de enfrentar sus objetivos. Por eso, la jornada de debut de una competición es tan apetitosa cuando ocurre algo como lo sucedido en el comienzo del Giro de Italia 2019.
En ese cruce de caminos que es Bolonia la organización había colocado un híbrido de contrarreloj. La mitad del tiempo se haría por carreteras amplias sin curvas para marcar la diferencia con la técnica y la segunda parte sería una subida exigente a San Lucca. En teoría, una oportunidad para equilibrar fuerzas entre contrarrelojistas y escaladores en tiempos escasos kilómetros contra el cronómetro.
Por sorpresa, el primer pronóstico que rompió en la carrera fue por culpa de la previsión meteorológica. Iba a llover por la tarde. Y eso llevó a todos los favoritos (excepto Simon Yates) a salir en los primeros huecos. Es más, los habituales espectadores pudieron sorprenderse al ver que Tom Dumoulin sería el primero en salir daba pie a lo que podría ser el primer ganador de etapa (y quizás del Giro) desde el primer momento (porque sería el primero en cruzar la meta). 
Desgraciadamente para el neerlandés, otro pronóstico arrasó sus expectativas. Primoz Roglic, un ciclista que ha ganado todas las pruebas de una semana en la preparación del Giro, arrancó con corazón y aventajó en 23 segundos al segundo de una etapa que duró poco más de 12 minutos. 
«No tenía táctica, sólo quería ir lo más rápido posible»
Animado por una prueba abierta para la fuerza empujó con ambición, ansia y una forma moldeada en los últimos meses para asombrar a todos en Bolonia. «No tenía táctica, sólo quería ir lo más rápido posible», reconoció atrevido e imprudente Roglic cuando le preguntaron cómo había afrontado la etapa. Bastante por detrás del cohete esloveno se situaron el resto de favoritos con un ojo en sus expectativas.

La exhibición de Roglic servirá ahora para tanda de pronósticos. Las nueve últimas etapas son las que deben marcar las diferencias de la general, pero hasta entonces las habituales jornadas de más de 200 kilómetros tendrán su protagonismo (el ciclismo es un deporte de fondo al fin y al cabo). Algunos recuerdan que Simon Yates, segundo en el podio provisional tras la contrarreloj y autoproclamado gran favorito, perdió el Giro de Italia en 2018 a falta de sólo tres etapas para el final. Hasta entonces había cumplido con su papel de barbilla alta y presunción de grandeza pero los 25 años no fueron suficientes para agarrarse al rosa. El desastre fue mayúsculo y otro podría haber quedado enterrado para siempre.

En el caso de Roglic, su historial en Italia es mínimo (una participación completa en 2016 con un triunfo de etapa y el puesto 58 en la clasificación general) pero fue cuarto en el Tour de Francia de 2018 y eso no es algo que puede conseguir cualquiera. A su favor cuenta con una preparación específica por primera vez, un equipo a su servicio (Jumbo) y 29 años, que suele ser la edad propicia para los ganadores de las grandes vueltas. En contra tiene que después de ganar este año el Tour de Emiratos Árabes, la Tirreno - Adriático y el Tour de Romandía llegaba con hambre y quiso comer con tanta gula (llegó a doblar a dos rivales) sin esperar a que llegaran los demás.
Ahora tendrá que aguantar las miradas para observar su flaqueza, el referente de Yates hace un año y ciclistas que pueden provocar la explosión de sus rivales con atrevidos o arriesgados planes. De hecho, el Giro cuenta con los peores adversarios en estas circunstancias por su carácter impredecible. Tom Dumoulin ha sido capaz de revolucionar las tres grandes vueltas con la fe y contra la naturaleza su gigantesco chasis. También están 'Supermán' López (Astana siempre tiene momentos de fuegos artificiales) y Rafal Majka, el escalador que decidió ser una cola de león millonaria en el Sky y ahora es jefe de filas del Bora. Y Vincenzo Nibali, el tiburón sin nada que perder.
¿Pronósticos? Decían que habría lluvia y no llovió. Ahí está la gracia.